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CENTRO PROVINCIAL DE INFORMACIÓN DE CIENCIAS MÉDICAS LAUDELINO GONZÁLEZ GONZÁLEZ. MATANZAS
Revista Médica Electrónica 2010; 32(6 Supl 1)

 

El finlaísmo en el Dr. Juan Guiteras Gener*

The Finlayism in Dr. Juan Guiteras Gener

 

AUTORES

Dr. José Fernández Morín (1)
Dra. Esther Georgina Báez Pérez (2)

1) Especialista de II Grado en Epidemiologia. Máster en Salud Ambiental. Profesor Auxiliar. Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas Laudelino González González. Matanzas.
2) Especialista de II Grado en Administración de Salud. Máster en Educación Médica. Profesora Auxiliar. Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas Laudelino González González. Matanzas.

 

RESUMEN

En conmemoración al 177 aniversario del natalicio del Dr. Carlos J. Finlay Barres, sin lugar a dudas, el más grande médico y científico cubano, se realizó una breve revisión histórica, con el objetivo de exponer el sentimiento de compañerismo y amistad que le profesara el Dr. Juan Guiteras Gener, quien dedicó, además, una gran parte de su vida y obra a reivindicar la gloria de Finlay, y a defender la teoría por él elaborada, la cual fue posteriormente conceptualizada en la expresión sintética de finlaísmo. Recordando algunos de los pasajes más fecundos del ilustre médico matancero, cuyo nombre lleva con orgullo la Facultad de Medicina de la Universidad de Ciencias Médicas de la provincia, y a quien se le hace justicia y tributo de honor al denominarlo el fundador del finlaísmo entre sus compatriotas.

Palabras clave: Carlos J Finlay, Juan Guiteras Gener, Biografía, artículo histórcio, historia de la medicina, Cuba

INTRODUCCIÓN

Desde muy temprano, en mi niñez, descubrí y admiré la figura del Dr. Carlos Juan Finlay Barres, y reconozco que en esa admiración —quizás mi primera inspiración para hacerme médico—, se debió en gran medida a la suerte de haber tenido profesores que, desde la enseñanza primaria en el respetado colegio matancero Arturo Echemendía, y más tarde en el prestigioso Instituto de Matanzas, devenido pre-universitario José Luis Dubrocq, inculcaron el respeto y el reconocimiento de sus alumnos a las figuras de nuestros próceres y de hombres dignos como Carlos J. Finlay y Juan Guiteras Gener. A todos ellos, pero en especial a la Dra. Celia Michelena Domenech, profesora de Literatura, mi infinita gratitud por iniciarme en el respeto y la admiración por los grandes hombres de la patria.
En este 3 de diciembre de 2010, fecha memorable en que arribamos al 177 aniversario del natalicio de ese gran hombre de ciencias de Cuba y figura insigne de la medicina latinoamericana, se impone resaltar la dimensión de este galeno. Sin embargo, quisiera que este modesto trabajo sirviera como vehículo de expresión del pensamiento de otra notable personalidad de la medicina cubana, en mi opinión, a quien debiera considerarse como mayor exponente del finlaísmo: el matancero ilustre Dr. Juan Guiteras Gener. Quiero mostrar a través de su testimonio, recogido en obras de su autoría y de otras fuentes autorizadas como: Cesar Rodríguez Expósito, Carlos E. Finlay, José López Sánchez, entre otros, lo que antes expresamos al respecto de que Juan Guiteras fue el principal defensor de la teoría de Carlos J. Finlay sobre la transmisión de la fiebre amarilla por el mosquito Aedes aegypti, así como dar fe ante profesores, y en especial ante los alumnos de nuestra alta casa de estudios, la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, del respeto, admiración y la estima que sentía Juan Guiteras Gener, por quien fuera su amigo y maestro.

DESARROLLO

Es necesario recordar que el término “finlaísmo” surge como denominación gracias a la iniciativa del Dr. Federico Torralbas, quien en una de las sesiones del Club Rotario de La Habana, el día 17 de octubre de 1924, lo define en su discurso: “Finlaísmo, a mi entender, significa, en primer término, una labor científica, inspirada por una genialidad, como todas ellas, constante, productora, vigorosa, y que llegó, tarde o temprano conocida por propios y extraños, a su conocimiento definitivo. Finlaísmo es la teoría de Finlay, todo el desenvolvimiento y la aplicación inmediata que tuvo en Cuba, y que después se copió y que puso la base definitiva de la nueva orientación de la escuela de medicina del mundo”. Y posteriormente aclara que la causa “finlaísmo”, había tenido en Juan Guiteras Gener su fundador y máximo sostenedor (1).
En un artículo titulado “Dr. Carlos J. Finlay. Apuntes Biográficos” (2), Guiteras recrea en breves páginas la vida y obra del sabio cubano, y en él confirma que durante el mes de febrero de 1881, Finlay anuncia por primera vez su teoría sobre la transmisión de la fiebre amarilla en la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Washington, a la cual asistió como representante del gobierno colonial español, trabajo que posteriormente amplía. En ese mismo año, el 14 de agosto, expone ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana la teoría de que “el mosquito hipotéticamente [es] considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla”. Teoría que resulta avalada y demostrada por sus numerosos y bien planificados experimentos posteriores a la visita de la Primera Comisión del Servicio de Sanidad Americana en 1879, que integró Guiteras en calidad de patólogo (3).
Sin embargo, en el aspecto señalado por Guiteras en esos apuntes biográficos en relación a la influencia que pudo haber ejercido esa primera comisión en sugerirle a Finlay la nueva vía de investigación, concuerdo con López Sánchez (4), pues todo parece probar que el proceso de creación científica de Finlay acerca del contagio de las enfermedades epidémicas y el descubrimiento del vector biológico para la transmisión de la fiebre amarilla se gestó entre 1875 y 1881, y que, mucho antes de la llegada de la primera Comisión Médica de Estados Unidos, entre 1875 y 1876, fuertemente adherido al método experimental preconizado por Claude Bernard, del que ya se ha impregnado en su formación en el Thomas Jefferson College, vive la crisis de tener que abandonar sus propias creencias de muchos años, según lo refiere personalmente, y siente el imperativo de concebir una hipótesis que le permita una nueva explicación teórica para fundamentar nuevos experimentos o investigaciones.
Es así que en 1878, Finlay formula, por el método de la analogía, la necesidad del agente intermediario, inspirado en el experimentalista francés y la lectura de la botánica de Van Tieghen en el ciclo vital del hongo del trigo la Puccinia graminis y su intermediario el Epine-vinette conocido como “agracejo”, cuya analogía aplica Finlay a la fiebre amarilla. Ya en 1879, fecha en que llega la mencionada comisión, Finlay se ha apartado total y completamente de las teorías contagionistas y anticontagioniostas, y así lo afirma el propio Guiteras cuando expone que, en sus visitas a la casa del Dr. Finlay en Tulipán, en el Cerro, este le revela el hecho de estar preocupado por plantear el problema de la fiebre amarilla en términos diferentes a los conocidos.
Finalmente, ya en 1880, Finlay ha establecido las relaciones de un agente intermediario y la enfermedad, quedándole despejar la incógnita del vector, en la que, sin lugar a dudas, deben haber contribuido las aportaciones realizadas por la comisión con las microfotografías obtenidas por Sternberg de los exámenes de sangre a pacientes con fiebre amarilla por la técnica de Woodward, y las de los cortes histopatológicos del Dr. Guiteras en las necropsias de los fallecidos por dicha enfermedad, las cuales determinaban el asiento principal de las lesiones en el sistema circulatorio, particularidad anatomoclínica que constreñía la búsqueda de un vector que fuera capaz de tomar la sangre en un vaso sanguíneo de un enfermo e inocularla en uno similar de otro individuo sano.
Es conocido que, durante su estancia en Cuba como miembro de la Primera Comisión de Sanidad Norteamericana, el Dr. Juan Guiteras, a sugerencia del Dr. Carlos J. Finlay, se presenta ante la Real Academia de Ciencias de La Habana, siendo elegido el 13 de diciembre de 1879 como corresponsal en los Estados Unidos de dicha institución, sosteniendo desde entonces una estrecha correspondencia con Finlay (5). No obstante, Guiteras no resulta aprobado como académico de número a la Real Academia hasta el 8 de febrero de 1903, en que el Dr. Jorge Le Roy, en sesión de gobierno de la Academia rinde su ponencia favorable a la solicitud del aspirante a Académico, la cual fue aprobada por unanimidad (6).
Guiteras, sin embargo, no presenta su discurso de ingreso como Académico de Número a esta prestigiosa institución cubana hasta el 13 de octubre de 1911. Este discurso constituye una muestra más de su respeto, admiración y cariño por Finlay, además de ser una verdadera joya de oratoria. En ella comenzaba diciendo Guiteras:

Perdonadme si no he venido antes a cumplir con este precepto reglamentario; pero mi trabajo ha sido duro; he tenido que abrir caminos nuevos y he tenido que aprender a conocer la Patria que llevaba en mi corazón como un recuerdo de la primera juventud, durante los largos años del destierro”. Agregando posteriormente:

“—Permitidme que escoja como tema de mi discurso, la vida de un ciudadano ejemplar, de aquel que, en la estimación universal, más alto ha puesto el nombre de Cuba”. Pasando a presentar su trabajo, ya antes mencionado, donde realiza un estudio del Dr. Finlay, desde su nacimiento, formación, hasta la carrera de Medicina en la Universidad de Pensylvania, en la cual también estudió el propio Guiteras, y más adelante, entra en el estudio medular de Finlay, y afirma:

“La gloria de Finlay es comparable a la de Manson. Este en Amoy y aquel en La Habana , fueron los fundadores de la doctrina de la transmisión de enfermedades por insectos chupadores de sangre. Ni ellos pueden disminuir en un ápice la gloria de sus sucesores, Smith, Kilbourne, Grassi, Ross, Koch, Reed, Lazear, Carroll, Agramonte, Laverán, Bruce y otros, ni la obra de estos amengua en nada la de los iniciadores”. Y continúa exponiendo Guiteras que no sólo es en el campo de la fiebre amarilla que el Dr. Finlay se hace acreedor de la gratitud universal, exponiendo además su brillante trabajo sobre el tétano infantil, el cual culmina con la preparación de una cura aséptica del ombligo, que repartida gratuitamente en paquetes cerrados por el Departamento de Sanidad, redujo drásticamente la mortalidad por dicha entidad (2).
En cuanto a la comparación realizada por Guiteras en relación a la gloria de Finlay, una vez más concuerdo con López Sánchez (4), cuando expone que, de los trascendentales descubrimientos de Manson, Finlay y Laverán, el que ofreció una doctrina más coherente y cabal fue Finlay. Manson no comprendió ni expuso el problema del contagio, se limitó a mostrar la existencia de las microfilarias en el mosquito, sin dudas un paso superior en la conquista del conocimiento, pero aún en 1883, dos años después de la disertación de Finlay, se igualaban los mosquitos a los miasmas para explicar la propagación del paludismos. La doctrina de Laverán se redujo a una observación valiosa, pero requerida de comprobación ulterior. Finlay, por su parte, concibió teóricamente una nueva forma de contagio capaz de explicar la propagación de la fiebre amarilla, y le adicionó la posibilidad de su comprobación científica mediante un método experimental.
No obstante, el propio López Sánchez confirma en su obra que Finlay inició una amistad con Juan Guiteras que se haría cada vez más íntima y profunda, y señaló que entre ambos existían muchas coincidencias en lo científico, en lo humano, en sus comunes aspiraciones, en sus formas de concebir y apreciar los deberes para con la sociedad y respecto de las enfermedades, y añade que a pesar de la diferencia de edad, Finlay admiraba los notables conocimientos médicos de Guiteras. Por su parte, Juan Guiteras, desde sus primeros encuentros con Carlos J. Finlay se percata de la magnitud del talento del hombre en quien reconoce el interés por la experimentación y por los trabajos histopatológicos sobre la fiebre amarilla, reconociendo que en realidad es lo único novedoso que le aporta la Primera Comisión de Sanidad Norteamericana.
Valioso es también el testimonio que sobre el finlaísmo en Guiteras nos expone textualmente el Dr. Carlos E. Finlay, hijo del gran sabio, al decir: “Coincidiendo su llegada a Cuba con los trabajos de la Comisión Norteamericana de fiebre amarilla que culminaron con la comprobación de la teoría de Finlay sobre la manera de transmitirse dicha enfermedad, con su preparación epidemiológica anterior, su base sólida en patología general, fue un auxiliar de suma importancia en los trabajos comprobatorios posteriores y en la campaña para la erradicación de la fiebre amarilla en La Habana. Está demás señalar su entusiasta cooperación a mi padre, así como su tenacidad en mantener su prioridad en frente de ataques abiertos y velados que pretendían restarle la parte principal que le correspondía en dicho descubrimiento no dejando pasar ninguna declaración que pareciese ponerla en dudas” (7).
La vida los vuelve a unir en el inicio del siglo XX y ya para siempre, juntos en la patria, consagran su labor en favor de la sanidad cubana, elevándola a los más altos niveles de la época, y convencido de la veracidad de la teoría de transmisión a través del mosquito, Guiteras se convierte en un fervoroso defensor de la doctrina del maestro, y no hay espacio en su quehacer científico y social en que deje de vislumbrarse su admiración y afecto hacia Finlay.
Es conocida la participación de Guiteras en las dos comisiones designadas para redactar la ponencia en la cual se solicitaría el Premio Nobel de Medicina para el Dr. Carlos Juan Finaly Barres. En su informe sobre la solicitud, hace constar: “—A los beneficios que a la humanidad reporta el descubrimiento de la transmisión de la fiebre amarilla por el mosquito, sólo puede compararse los que ha producido el descubrimiento de la vacuna por Jenner, el de la antitoxina diftérica por Behring, el de la naturaleza de las infecciones quirúrgicas por Pasteur y Koch y el de la transmisión anofélica del paludismo por Grassi y Ross...” (1).
Me permito recordar también la indignación de Juan Guiteras cuando en 1903 ante la Asociación Médica Americana, el Dr. James Carroll, miembro de la última Comisión Oficial del Ejército Norteamericano, la cual vino a comprobar, lo ya fehacientemente corroborado por Finlay, leyera un trabajo titulado “La transmisión de la fiebre amarilla”, en el cual trataba de restar méritos a la obra de Finlay, y a desconocer la actuación de otro cubano, el Dr. Arístides Agramonte, quien también era miembro de la referida comisión. Esto propició que Guiteras publicara en la Revista de Medicina Tropical, por él fundada en julio del año 1900 (8) un artículo titulado “Un trabajo inédito del Dr. Finlay” (9), en el cual reprodujo el original de Carlos J. Finlay enviado a la revista The American Journal of the Medical Sciences, de Filadelfia, curiosamente no publicado por su editor, el Dr. E. P. Davis, alegando como excusa el exceso de material existente. En el artículo de Guiteras, reproduciendo el trabajo de Finlay, queda de manera evidente el gran descubrimiento, para luego refutar los conceptos emitidos por Carroll al comparar a Finlay con Manson en términos injustos y tendenciosos, por restar méritos a ambos hombres de ciencias de su época, y en especial a Finlay, desconociendo la comprobación de su hipótesis y su conversión en una teoría probada con el más refinado método experimental hasta el momento desarrollado por científico alguno.
También es digna de mención la airada refutación al Dr. Osler (1), uno de los grandes clínicos ingleses y compañero de Guiteras en el claustro de profesores de la Universidad de Pensylvania, quien en conferencia en la Escuela de Medicina de Londres sobre los recientes descubrimientos sobre la transmisión de enfermedades por los insectos chupadores de sangre, omitió por completo el nombre del sabio cubano.
Se puede mencionar, además, el trabajo conjunto de Guiteras con los doctores Díaz Albertini y Emilio Martínez, presentado en el Primer Congreso Médico, celebrado en La Habana, en mayo de 1905, quienes al hablar sobre la profilaxis de la fiebre Aamarilla, exponían: "Desde que cesó la fiebre amarilla en Cuba, en septiembre de 1901, se viene demostrando diariamente que no hay otro modo de transmisión de la enfermedad que no sea por la picadura del mosquito”. Y continúa afirmando “qué satisfacción para nosotros haber asistido a la última hora de una enfermedad epidémica, tan arraigada entre nosotros que llegamos a adaptarnos a ella y a llamarla nuestra epidemia. ¡Que gloria para todos el haber podido contribuir de alguna manera a la consecución de ese gran fin! Es la primera vez que se ha visto eso claramente en el mundo, un mal epidémico que agoniza y muere, desapareciendo para siempre. Y si nuestra satisfacción es grande, señores, ¿cuál no será la del hombre, tan insigne como modesto, que por un esfuerzo intelectual que tiene muy pocos semejantes en la historia del pensamiento humano, hizo posible todo ese fenómeno sorprendente, ese beneficio sin igual?” (1).
Ya inclusive retirado de la vida oficial y víctima de la ingratitud de sus compatriotas y de la insolencia de un oficial interventor norteamericano, dedicado en pleno a su profesión y a sus libros, antes de su muerte acaecida el 28 de octubre de 1925 (1,10,11), no había ocasión en que se pusiera en dudas la gloria de Finlay en el extranjero, y muy especialmente por los norteamericanos, para que se alzara la voz de Guiteras en airada respuesta.

CONCLUSIONES

No cabe duda que los que conocemos algo de la vida y obra de Carlos J. Finlay nos hemos ido convirtiendo en finlaístas, sentimiento que se acrecienta en la misma medida en que nos adentramos en el estudio de su obra. Confieso que cada vez que leo el trabajo de Finlay presentado ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el 14 de agosto de 1881, crece en mí la admiración por este sabio cubano quien, con una serenidad y modestia inigualables expuso, por primera vez al mundo, de manera asombrosa para la época, la teoría metaxénica que revolucionaría la interpretación de la forma de transmisión de algunas enfermedades transmisibles.
Considero que resulta innecesario argumentar más elementos para poner de manifiesto el finlaísmo que llevó en la mente y en el corazón el Dr. Juan Guiteras Gener. Finalmente, Finalmente, quisiera finalizar con las palabras que dejó para la posteridad Guiteras ante el busto de su maestro y colega: “Finlay, organizador de una gran idea. Descubridor de un método de investigación. Inventor de procedimientos prácticos para la extinción de grandes epidemias. Tú fuiste seguramente un grande entre los grandes”.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Rodríguez Expósito C. Vidas ejemplares de médicos cubanos. Dr. Juan Guiteras. Apunte biográfico. La Habana: Editorial Cubanacán; 1947.
  2. Guiteras Gener J. Dr. Carlos J. Finlay. Apuntes biográficos. En: Dr. Carlos J. Finlay y el “Hall of Fame” de New York. Cuadernos de Historia Sanitaria, No. 15. La Habana: Publicación del Ministerio de Salubridad y Asistencia Hospitalaria; 1959.
  3. Rodríguez Expósito R. Finlay. Cuadernos de Historia de la Salud Pública, No. 20. La Habana: Ministerio de Salud Pública; 1962.
  4. López Sánchez J. Finlay. El hombre y la verdad científica. La Habana: Editorial Científico-Técnica; 1987.
  5. Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales. Acta de Sesión Pública del día 13 de diciembre de 1879. Anales de la Academia de Ciencias. 1879;(XXVI):307-8.
  6. Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales. Acta de Sesión Pública del día 8 de febrero de 1903. Anales de la Academia de Ciencias 1903;(XXXIX):257-95.
  7. Finlay CE. Juan Guiteras: labor profesional y sanitaria. La Habana: Editorial Vida Nueva; 1936.
  8. Guiteras Gener J. Carta Editorial. Rev Medicina Tropical. 1900;1(1):5.
  9. Guiteras Gener J. Un trabajo inédito del Dr. Carlos J. Finlay. Rev Medicina Tropical. 1903;IV.
  10. Presno JA. Biografía del Dr. Juan Guiteras. Revista de Medicina y Cirugía. 1927;XXX:611-3.
  11. Cadena AJ. Biografía del Dr. Juan Guiteras. El Eco Científico. 1926;V(3):107.

* Trabajo presentado en el marco de la Jornada de la Sociedad de Historia de la Medicina, en saludo al 177 Aniversario del Natalicio del Dr. Carlos J. Finlay, celebrada en Matanzas los días 2 y 4 de diciembre de 2010.

SUMMARY

Commemorating the 177 anniversary of Dr. Carlos J. Finlay Barres, without any doubts the biggest Cuban physician and scientific, we made a brief historical review, with the objective of exposing the sense of comradeship and friendship professed to him by Dr Juan Guiteras Gener, who also dedicated great part of his life and work to vindicate Finlay's glory, and to defend the theory he elaborated, and was later conceptualized in the synthetic expression of finlayism. We remember some of the most prolific passages of the illustrious Matanzas physician, whose name carries the Medicine Faculty of the provincial Medical Sciences University, and whom we make justice and rend honor when calling him the founder of finlayism among his fellow countrymen.

Key word: Carlos J Finlay, Juan Guiteras Gener, biography, historical article, history of medicine, Cuba

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Fernández Morín J, Báez Pérez EG. El finlaísmo en el Dr. Juan Guiteras Gener. Rev Méd Electrón. [Seriada en línea] 2010;32(6 Supl 1). Disponible en URL:http://www.revmatanzas.sld.cu/revista%20medica/ano%202010/vol6%202010/suplemento1vol62010/tema01.htm. [consulta: fecha de acceso]


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