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MUSEO FARMACÉUTICO DE MATANZAS
Revista Médica Electrónica. 2011;33(2)

 

Breve reseña histórica de la Botica Francesa Dr. Ernesto Triolet,
hoy Museo Farmacéutico de Matanzas

  Brief historic review of the French Drugstore Dr. Ernesto Triolet,
currently Pharmaceutical Museum of Matanzas


AUTORA

Lic. Patria Dopico Borrego

Licenciada en Historia y Ciencias Sociales. Profesora Instructora. Museo Farmacéutico de Matanzas.
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RESUMEN

Se realizó una reseña histórica de la antigua Botica Francesa, del doctor Ernesto Triolet, la cual fue fundada el primero de enero de 1882, por su dueño junto al colega Juan Fermín de Figueroa Velis. Se esbozó el devenir de la farmacia, sus fundadores, así como la creación, más tarde, del Museo Farmacéutico de Matanzas, exclusivo en Cuba, y el único en el mundo con tales características.

Palabras clave: botica, farmacia, museo, Ernesto Triolet, historia de la medicina, artículo histórico, Cuba.
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SUMMARY

We made a historic review of the old French Drugstore, of Dr. Ernesto Triolet, founded January 1st 1882, by the owner together with his colleague Juan Fermín de Figueroa Velis. We sketched the becoming of the drugstore, its founders, and also the creation later of the Pharmaceutical Museum of Matanzas, exclusive in Cuba , and the only one in the world with such characteristics.

Key words: botica, pharmacy, museum, Ernesto Triolet, history of medicine, historical article, Cuba. _____________________________________________________________________________________

INTRODUCCIÓN

La época en que aconteció la fundación de la Botica Francesa, a finales del siglo XIX, estuvo matizada por la dominación de la metrópolis española en tierra cubana. Su dominio en la Isla no contó con el apoyo del pueblo cubano, por el contrario, su respuesta fue rebelde, dispuesto a no dejarse avasallar.

El nivel de explotación colonialista que España ejercía sobre Cuba se manifestó principalmente a través de la excesiva cantidad de impuestos, la inminente necesidad de abolir la esclavitud, el desarrollo del sentimiento nacional que distanciaba con creces a la Isla de su metrópolis. La madurez patriótica alcanzada por determinados sectores terratenientes del centro-oriente cubano, les permitió entender la necesidad de desatar una revolución anti colonial, convirtiéndose en elementos determinantes a la hora de comenzar la preparación del alzamiento del 10 de octubre de 1868.

En la región occidental, la situación fue diferente: el desarrollo económico de la provincia matancera desde 1830 fue notable, y aún recodada por historiadores e investigadores actuales, pues a inicio de la década del 80 del siglo XIX, a diferencia de la región oriental, los efectos de la contienda bélica del 68 no fueron tan devastadores para la economía en Matanzas.

Por otra parte, aunque la influencia de España fue muy notoria en sus colonias de América, el esplendor alcanzado por Francia se impuso en el mundo, especialmente en el marco social de estos años del siglo XIX. La manera de vestir, el uso de refinados perfumes, la producción de muebles, objetos de porcelana, artesanías, orfebrerías, bebidas, y las artes en general, permitió una extensión social del idioma francés, causando deslumbramiento en la burguesía cubana de la segunda mitad del siglo XIX.

La moda, la visita de artistas y compañías francesas al Teatro Esteban, así como la bien ganada fama de la farmacopea francesa, fueron razones tenidas en cuenta por los sectores de mejor economía en la ciudad yumurina para visitar y adquirir productos muy diversos en la Botica Francesa del Dr. Ernesto Triolet.

En esta farmacia primó siempre el gusto exquisito y la calidad de los productos que se preparaban, lo cual puede apreciarse en los formidables muebles, tanto los de uso doméstico, como los comerciales, especialmente los estantes caracterizados por su belleza y funcionalidad; los bellísimos embases de porcelana y cristal, así como el diseño e impresión de muchas de las etiquetas usadas.

También fue notoria la calidad en la elaboración de productos farmacéuticos y reconocidas patentes, sin olvidar el buen trato que los empleados y dueños le dispensaban a los clientes.

DESARROLLO

La Botica Francesa fue fundada el primero de enero de 1882 por Ernesto Triolet Lelievre, natural de Lissy, Francia. Su visita a Cuba se convirtió en estancia permanente, viviendo en Sagua la Grande, donde estableció su residencia. Condición por la cual revalidó su título de Doctor en Farmacia en la Universidad de La Habana, el 10 de enero de 1866, junto a su colega Juan Fermín de Figueroa Velis, descendiente de una familia que durante años estuvo asentada en Nueva Bermeja, actual municipio de Colón. Se graduó de doctor en farmacia el 9 de octubre de 1871 (1).

La farmacia fue ubicada en un sitio privilegiado de la ciudad de Matanzas, frente a la Plaza de Armas. Resultó una edificación de tres plantas, exponente del neoclasismo en la arquitectura doméstica matancera de finales del siglo XIX. Fue construida alrededor de un patio central, constando de una planta baja, una planta alta principal y otra parcial en el nivel de la azotea, retirada dos crujías con respecto a la fachada del edificio (2).

A inicios de esta etapa, el 8 de noviembre de 1883, la propiedad del terreno ocupado por la botica fue transferida de a sus dueños Juan Fermín de Figueroa Velis y Ernesto Triolet Lelievre, a María Justa Figueroa Velis, legítima esposa de Triolet. Después de varios años, sin procrear, ella falleció de un ataque al corazón, cuando contaba con solo 45 años de edad. El deceso aconteció en París el 1 de julio de 1889, y sus restos embalsamados fueron trasladados a Matanzas, a bordo del vapor francés Saint Germen, siendo enterrada en el Cementerio de San Carlos, de la misma ciudad.

Al ser leído su testamento, resultó como heredero universal su cónyuge el doctor Ernesto Triolet Lelievre, quien adquirió la farmacia por el título de herencia testado el 25 de enero de 1890, convirtiéndose de esta manera en su único y legítimo dueño.

Vale destacar que este bello edificio fue dotado con piezas únicas, como el farol indicador de la guardia, colocado justo al lado de la primera puerta de izquierda a derecha y en la parte superior de la misma. Un farol de varios colores que señaló mientras fue farmacia que los lunes estaba de guardia.
Figueroa, ocupado siempre en la administración de sus bienes, dejó a Triolet al frente de la nueva farmacia. En esta se trabajó con mucho rigor. Se vendían plantas medicinales de distintos países y elaboraban diversos productos farmacéuticos.

Durante este período el trabajo del establecimiento, de manera general, estuvo a cargo de 9 a 13 personas. Fue diversificado de la siguiente manera: venta directa al público de plantas medicinales y cualquier tipo de productos, entrega a domicilio por los llamados mensajeros, fregado y organización de los frascos de cristal, pegado de etiquetas, limpieza del local, preparación de productos y otros menesteres.

En la ciudad de Matanzas hubo otras farmacias registradas históricamente como las del doctor Ambrosio Sauto (farmacia La Central), la del doctor Domingo Lecuona y Madan (Medio esquina a Dos de Mayo), la del doctor José María Riboll, y la del doctor Antonio Morales. Este tipo de comercio era muy común y muchos prosperaron y perduraron, como en caso de la Botica Francesa, de Triolet.

La Botica Francesa no fue la más antigua de Matanzas, pero la calidad de sus productos y el buen trato de los trabajadores y dueños posibilitó que la población matancera acudiera a comprar sus necesarias fórmulas farmacéuticas. Estas se hacían diariamente y entre ellas se vendían con más frecuencia el Jarabe Simple de Hormigas, Café Compuesto, Agua de Azahar, Vino Aromático de Quina, Solución de Bromuro de Sodio, Aceite de Alacranes, Bálsamo Tranquilo, Tintura de Benjuí, Extracto Fluido de Belladona y Crema de Miel Rosada.

Reconocidos galenos matanceros de la época recibieron con agrado la fundación de esta farmacia y pronto reconocieron la calidad de sus productos, por eso recomendaron a sus pacientes visitar el establecimiento con la seguridad de que saldrían satisfechos. Médicos conocidos en Matanzas, tanto en la colonia como en el siglo XX, como los Fonts, Madan, Carnot, Abascar, Caballero y Betancourt, aparecen registrados reiteradamente en los libros copiadores de recetas de la Botica Francesa con fórmulas como las siguientes:

Fecha

Número de receta

Médico

Fórmula

Valor

24-XI-1882

13144

Carnot

Cocimiento de Linaza y raíz de altea 500g


$1.00

Tintura de mirra - 2g
Borato de sosa (buches)- 2g

17-I-1886

24429

Abascal

Vino de Jerez - 60g



$1.20

Extracto blando de quina -4g
Infusión de canela - 90 g
Coñac añejo - 10g
Jarabe de cáscara de naranja - 40g

26-III-1897

162735

Madan

Tintura de Nuez - 5g



$0.60

Pancreática - 1g
Elíxir Garcés - 100g
Jarabe de naranja (cucharadas) - 20g

Entre los años 1882 y 1900 fueron elaboradas más de 212 000 fórmulas con diversas plantas medicinales, entre las que se pueden mencionar la manzanilla, naranja, hierba santa, romero y rosas, cultivadas en tierras cubanas, así como de otras latitudes como el comino, nuez moscada, lúpulo, belladona y canela. La última fórmula preparada bajo la dirección de Triolet Lelievre fue indicada por el Dr. Font.

Esta primera etapa de trabajo de la botica constituyó un período decisivo, en el que tuvo lugar la fundación, perfeccionamiento y consolidación de las labores de este comercio. Fueron los 18 años más importantes de la farmacia, pues la influencia de su dueño el Dr. Triolet, la transmisión de su experiencia y actividad creadora resultó determinante para el trabajo que desarrollaron otras generaciones de la familia Triolet-Figueroa, a las cuales les correspondió desenvolverse en los primeros períodos en la existencia del establecimiento.

Para entender esta aseveración es imprescindible acudir a los libros donde fueron anotadas las fórmulas que preparaban en el laboratorio Triolet y a los numerosos estantes en los cuales reposan esencias de orégano, menta, geranios; extractos fluidos de eucalipto, kava kava, ponía, algodonero; alcoholes de jengibre, calvo, canela; jarabes de café compuesto, simple de quina; ungüentos de belladona y muchos otros. Aún hoy son recordados patentes de Triolet como el remedio infalible de los callos y el jarabe de café compuesto, este último usado en casos de asma y bronquitis.

Poco más de un año trascurrió para que Triolet decidiera casarse de nuevo, pero lejos de alejarse de la familia Figueroa, consolidó más esta relación de afecto y cariño. Sus segundas nupcias fueron con María de los Dolores de la Caridad Cleofás Figueroa y Marty, hija del primer matrimonio de Juan Fermín.

Por su parte, la calidad de los productos preparados en la farmacia francesa recibía cada vez más el reconocimiento de la población. Otra muestra de ello fue la invitación realizada a Ernesto Triolet, junto a otros importantes comerciantes cubanos, para participar en la Exposición Universal de París, en el año 1900.

A ocho meses de la Exposición de París falleció el Dr. Ernesto Triolet, quien vivió en Cuba durante más de 30 años. El deceso ocurrió en la ciudad de París el 19 de diciembre de 1900, víctima de pulmonía. Sus restos fueron conducidos provisionalmente al Cementerio de Mont Parnase y luego trasladados a Matanzas, donde fue enterrado en el panteón de la familia, en el cementerio San Carlos.

Los primeros meses de 1901 fueron de gran dolor y tristeza para la familia Triolet. La muerte del esposo conmovió profundamente a Dolores y a sus hijos, quienes siempre se habían mantenido muy unidos al padre, según las costumbre de la época. Con sabiduría y madurez, Dolores logró levantar los ánimos en su familia, gracias a su ejemplo y tenacidad.

Fiel continuadora del espíritu científico de su padre y primera mujer doctora en farmacia en Cuba, estudió en el Colegio de Farmacia de Nueva York, y tituló su tesis “Análisis y descripción del agua Minerales de Ciego Montero”. Este manantial situado a 26 kilómetros de Cienfuegos, con sus aguas alcalinas y termo sulfurosas, de mayor calidad que la del resto del país, constituyo el objeto a demostrar en su trabajo discutido el 30 de enero de 1886.

Tras el fallecimiento de su esposo y con sus hijos, aún menores de edad, ella estuvo al frente de la farmacia durante 36 años, excepto el período en que fue su director técnico el Dr. Ernesto Valdés Figueroa. Todos esos años y hasta que fuera anciana trabajo con ejemplaridad en su negocio el cual nunca cerro las puertas. Compartió su actividad profesional con su hijo Ernesto Luis.

Muy mayor, despachaba hábilmente y orientaba con diligencia, entregaba medicamentos gratuitamente a personas necesitadas. Conocedora, desenvuelta, amable, cuentan que así era, volcando con efectividad la experiencia acumulada e sus estudios y la adquirida junto a familiares dedicados a la profesión, como fue su padre y su esposo. Gran parte de su vida transcurrió en este establecimiento, como si hubiera contraído un compromiso con sus fundadores, de contribuir a la conservación y perdurabilidad de “la francesa”.

Las piezas únicas, colecciones e instrumentales de la farmacia, fueron adquiridas fundamentalmente en los primeros treinta años de trabajo. Dolores y su hijo se encargaron de cuidar celosamente todo lo adquirido y continuar la producción de variados fármacos, con plantas medicinales, que siempre tuvieron gran calidad, lo que permitió su preferencia entre los matanceros.

Dolores falleció en la ciudad de La Habana, el 6 de abril de 1944, a los 81 años de edad.

El 2 de septiembre de 1909, la dirección facultativa de la farmacia desempeñada por Dolores Figueroa pasó a manos de su sobrino Dr. Ernesto Valdés Figueroa. A partir de entonces se introducen mejoras en la farmacia, como el etiquetero del zaguán, un mueble de 150 gavetas que permitía preservar ordenadamente las etiquetas.

Por estos años, Dolores y su hijo Ernesto Luis adquirieron un reloj de pila que colocaron en el dispensarial y que comenzó a funcionar el 30 de octubre de 1914 a las 7:50 pm. Otro acontecimiento de interés fue la bendición de la imagen de la Virgen de la Purísima Concepción, que se alza majestuosa en la botica, en la parte superior central de la estantería de cedro. El acto fue el 16 de junio de 1918, en la Catedral de San Carlos, de Matanzas, por el Presbítero Romeo, párroco de la iglesia, siendo padrinos Alfredo Triolet, hijo de Dolores, y Roberto Gil, escribano de la farmacia (3).

En la década de 1920 comienza la comercialización de productos importados de Francia, España, Estados Unidos y Alemania, como Linimento Sloan (Alemania) y las pastillas salvavidas del Dr. Hunter de Estados Unidos. También conocidos laboratorios cubanos como Sarrá y Johnson empiezan en estos años la producción en gran escala de medicamentos, para satisfacer las demandas nacionales, los cuales, unidos a la variada línea de fármacos importados proporcionó una mayor importancia al establecimiento.

En la década de 1940, sus dueños deciden ampliar la venta de instrumental, con artículos como la autoclave para estelirizar, equipos de electrocardiogramas y neumotórax, entre otros.

La producción interna durante esta etapa fue estable. Al verificar los libros copiadores de recetas observamos una elevada diversidad y producción de medicamentos, ordenados por médicos locales tales como Ortiz, Vera, Gómez, Núñez, Font, Galup, Hernández, Junco, Tamargo, Escoto, Estorino, Valhuerdi, Trilles, Lecuona, Tapia, Ponce de León y Quesada.

Los escribanos que anotaban cada día las formulas preparadas en la farmacia durante la primera década del siglo XX, fueron Victoriano J. Pérez y José Serapio Leal y Gordilla. Ellos asentaba con letra invariable en cada libro copiados, empleando un tipo de tinta ferrosa conocido “por tinta de hierro y nuez de agalla”, a la postre con gran perdurabilidad, lo cual ha posibilitado la preservación de los textos hasta la actualidad.

Ernesto Luis Triolet Figueroa, hijo de Ernesto y Dolores, nacido en 1893, fue continuador de las ideas de su familia, donde primó el amor a la profesión de farmacéutico. Se graduó de bachiller en Ciencias y Letras, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, el 28 de septiembre de 1911, a la edad de 18 años. Luego matriculó en la Escuela de Farmacia de la Universidad de La Habana, recibiendo el título de Doctor en Farmacia, el 15 de octubre de 1914.

Estuvo en condiciones de ejercer su profesión, en la farmacia fundada muchos años antes por su padre y su abuelo materno, teniendo el privilegio de trabajar junto a Dolores, su madre. Contó además con la colaboración y apoyo de su primo, el Dr. Ernesto Valdés Figueroa. Trabajó en la Botica Francesa desde su graduación en 1914 hasta enero de 1964, siendo el último dueño del comercio. Luego de la nacionalización de la farmacia, continuó trabajando en la misma, y según testimonios, daba a conocer a los visitantes la importancia de la botica, ofrecía medicamentos y preservaba los valores del local.

Los medicamentos preparados en la farmacia tenían un precio que oscilaba entre los 11 centavos y los $1.50, hasta el triunfo de la Revolución, en que se tomaron algunas medidas y hubo cambios sustanciales en todas las esferas, incluyendo la del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social, como se denominaba entonces, y al cual pertenecían las farmacias como una sección dentro de ese ministerio.

A partir de 1959, hubo medicamentos cuyo precio establecido era desde $2.00 y hasta $10.00. Estas tarifas circulaban nacionalmente como cortesía de Droguería Occidental S.A., que relacionaba el precio al público y el costo de a farmacia.

Las farmacias siempre tuvieron sus normas de trabajo, aún las particulares. Debían respetar el reglamento de precios, horarios de apertura y de guardia, permanecer inscriptas en el Registro de Contribuyentes. Tal es así, que la farmacia de Triolet siempre atendió a la población en horario diurno, vendiendo plantas medicinales, medicamentos preparados en su laboratorio y de otros países. Las guardias le correspondían los lunes por la noche.
Eran inspeccionados regularmente para así comprobar su eficiencia en el trabajo, calidad de los productos, atención a los clientes, higiene de los locales, medicamentos en existencia, material de curaciones, libro de asentamiento de recetas al día y cumplimiento de regulaciones ministeriales y de la Unidad Sanitaria de Matanzas, en particular, lo cual se efectuó con sistematicidad a partir de 1961.

El proceso de nacionalización, parte importante de las medidas iniciales de la Revolución cubana, desarrollado con el objeto de socializar la propiedad privada de grandes, medianas y pequeñas empresas y comercios de la Isla, tocó a las puertas de la Botica Francesa del Dr. Ernesto Triolet, el día 29 de noviembre de 1963, a las 10:30 am.

De esta forma, Arístides Molina, en representación de la Empresa de Suministros Médicos del Ministerio de Salud Pública, daba cumplimiento a lo dispuesto en la Ley No. 1090 de 1 de febrero de 1963. Con la presencia del dueño de la farmacia, doctor Ernesto Triolet Figueroa y de los trabajadores, se formalizaron los datos para los trámites correspondientes del Contrato Compra Venta. Se realizó el inventario, la valoración de los medios básicos y el conteo físico de la mercancía existente. El acto contó con la conformidad de los presentes, firmando el dueño de la botica, uno de los trabajadores y el administrador de la Empresa de Suministros Médicos.

Durante un mes y medio después de la nacionalización, continuó la venta de productos aún en existencia. El 16 de enero de 1964 fue el último que la farmacia funcionó como tal. Por espacio de 82 años había brindado sus variados servicios de modo ininterrumpido. Después de nacionalizada, la Dirección Regional del Ministerio de Salud Pública en Matanzas la entregó a Marcelino Rodas, Coordinador Provincial de Cultura, quien la recibió a nombre de la Dirección Provincial de Monumentos.

Cumplido este importante paso, se fueron creando las condiciones para poner en práctica algo que venían soñando muchos matanceros, dadas las condiciones e historia de la farmacia francesa del doctor Ernesto Triolet. Especialmente el licenciado Israel Moliner Rendón, historiador de la ciudad y Pedro Esquerré, director de artes plásticas en la década de 1960, quienes en la ciudad de Matanzas creían en la importancia de crear, en esta antiquísima botica, el Museo Farmacéutico de Matanzas. Partían del estado del inmueble, conservando su estructura original, así como sus objetos y útiles, en general, colocados al estilo de cuando abrió sus puertas en 1882.

Triolet colaboró durante la nacionalización de su propiedad y estuvo de acuerdo con las orientaciones recibidas en las nuevas condiciones de la farmacia en la que trabajó por cincuenta años de su vida (1914-1964). Siempre vivió en los altos del edificio, en lo que fue su hogar. Desde el 16 de enero de 1964 y hasta abril de ese año, fue un celoso guardián del inmueble y los valiosos bienes allí atesorados, mientras se realizaban algunos pequeños cambios y acondicionamientos para convertirle en museo, según proyecto realizado, entre otros, por el escultor Agustín Drake Aldama y los pintores Manuel Moinello, José Ramón Fundora, Luis Marimón y Jesús Gallardo, estos dos últimos ya fallecidos.

Los artistas mencionados, por ejemplo, modificaron el tono de las columnas que sostienen el techo entre las salas denominadas Botica y Rebotica, cambiando la figuración de hierro y el tono negro, por una terminación parecida al mármol. También renovaron el mural que sirve de fondo al laboratorio, en donde aparecían plantas medicinales y que fuera concebido al fundarse la farmacia, así como cambiaron algunos objetos de lugar, tales como albarelos e instrumentales, según las nuevas condiciones y uso que tendría el lugar.
Ernesto Triolet manifestó en una ocasión:

“De esta botica puedo decirles que ella constituye el ideal de mi vida, puesto que nací en ella y dentro de ella me crié. Me consagré a sostenerla y a conservarla en el orden moral y profesional, con el nombre y prestigio de la familia Triolet (…) no salgo de ella, cuando muera me iré confiado de que alguien la seguirá cuidando” (4).

El contexto histórico en el que se concibió la fundación del Museo Farmacéutico de Matanzas fue realmente muy diferente al de etapas anteriores. El triunfo revolucionario del primero de enero de 1959, transformó radicalmente la situación económica, política y social del país. Los cambios fueron tantos y tan profundos que el júbilo popular se palpaba por doquier.

El Museo Farmacéutico fue inaugurado de manera muy sencilla el sábado 30 de abril de 1964. En el acto estuvieron presentes diferentes personalidades representantes de diferentes esferas, dirigentes del Partido y de las organizaciones de masas, estando las palabras iniciales a cargo del licenciado Israel Moliner Rendón, donde, entre otros aspectos señaló: “… Con este acto hemos querido saludar el Primero de Mayo, con el Museo Farmacéutico inaugurado, como una meta cumplida”. También destacó que el nuevo museo era una primicia en Cuba, honor que le correspondió a Matanzas.

Seguidamente, el compañero Luis Álvarez, de la Dirección Provincial del Partido Comunista, resaltó la labor del licenciado Moliner y de otros compañeros, quienes dedicaron su trabajo durante meses para garantizar la fundación del museo y colocarlo al servicio de los matanceros y los cubanos. Además, destacó la labor del Dr. Triolet en el asesoramiento general y su cuidado por garantizar la perdurabilidad de la institución.

El discurso central y las conclusiones las realizó el doctor Julio Le Riverend, en representación de la Academia de Ciencias de Cuba, indicando: “Matanzas volverá a ser, como en pasadas glorias, una ciudad de alta cultura y será reconocida en todo el país” (1).

Se refirió también con justeza a que el Museo Farmacéutico de Matanzas, con la colaboración de todos, podría convertirse en una obra mayor, en un museo de la salud, exponente de todos los adelantos de la medicina en las diferentes épocas.

En este acontecimiento estuvieron presentes numerosas personalidades matanceras, entre ellos Manolo García (divulgador de la JUCEI Provincial), Israel Tápanes (Dirigente del PCC regional), Troadio Sánchez (dirigente del PCC seccional), Rolando Castro (dirección de las Escuelas de Instrucción Revolucionaria) y Pedro Esquerré (director de Artes Plásticas).

Luego de las palabras pronunciadas por Julio Le Riverend, el Dr. Ernesto Triolet, conservador del museo en ese momento, ofreció a los presentes la primera visita dirigida al museo, exponiendo la relevante historia de la familia Triolet Figueroa y sus vínculos a las guerras independentistas, enfatizando en la conservación de todos los bienes patrimoniales del museo realizada por sus familiares.

Al siguiente día de su inauguración, el museo abrió sus puertas al público para que su historia y la de la farmacopea cubana, francesa y de otros países pudiera ser preservada, conocida y divulgada.

Los primeros directores del Museo Farmacéutico fueron Magali Viera Castellanos, Noemí Schilling Padilla y José Más Cuétara Vila, pero no fue hasta septiembre de 1982 que asume el cargo Marcia Brito Hernández, que la institución entra en una etapa de estabilización y perfeccionamiento, logrando encauzar su trabajo en todas las áreas, así como su restauración.

Un paso muy importante ha sido la posibilidad de aumentar su plantilla y el adiestramiento del personal técnico.

Personalidades que han visitado el museo

-Embajador de Francia en Cuba 1974 y años ss.
-Arnaldo Tamayo Méndez 1999
-
Embajador de Rusia 2000
-
Embajador de Canadá 2002
-
Fernando Vecino Alegret 2002
-
Embajador de la R. P. del Congo 2003

También han recorrido el Museo Farmacéutico figuras de la cultura como Eduardo Rosillo, Ángel García, Patricio Word, Miriam Laerra y otros, sin faltar delegaciones obreras, culturales y partidistas.

Visitantes en el Museo Farmacéutico

En los primeros años del museo el promedio mensual de visitantes estaba sobre los 2 500, pero hubo meses que se alcanzó la cifra de 3 000 visitantes nacionales, gracias a las facilidades de coordinación con escuelas y centros de trabajo ubicados en la periferia de la institución.

En 1990 aumentaron los visitantes extranjeros, especialmente de Canadá, Alemania, México, Italia, Argentina, Colombia, Francia, Bélgica, Holanda, España e Inglaterra. También a partir del año 2002 se ha hecho más palpable las visitas de cubanos al Museo Farmacéutico. Entre octubre de 1982 y abril del 2004 habían visitado este museo más de un millón de personas.

CONCLUSIONES

El Museo Farmacéutico de Matanzas no solamente permite el acercamiento a la historia de la medicina y las farmacias en Cuba, sino brinda la oportunidad de conocer aspectos relevantes de la historia matancera, mediante la vida de una familia como la Triolet Figueroa, dedicada por casi un siglo al desarrollo de la ciencia farmacéutica en Cuba.

Entrar en el Museo Farmacéutico es penetrar en el tiempo, en la historia de la medicina, en una importante cara de la presencia francesa en Matanzas. En conclusión, significa disfrutar de una vivencia cognoscitiva y estética única e irrepetible.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1.
Moliner Rendón I. Museo Farmacéutico de Matanzas. Índice Histórico. 2da. Edición, 1968.

2.
Diario de Ernesto Triolet [inédito].

3.
Villanueva P. Colón: hechos, personas y cosas de este pueblo que no deben ser olvidados. Tomo II. Colón: Imprenta Patienghi; 1932. p. 25.

4.
Entrevista realizada a Segundo Izquierdo. 1993.

ANEXOS FOTOGRÁFICOS

Doctor Ernesto Triolet
 
Botica Francesa fundada el
1 enero de 1882

 

 
Libro de asentamiento de recetas
 
Museo Farmacéutico

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Dopico Borrego P. Breve reseña histórica de la Botica Francesa Dr. Ernesto Triolet, hoy Museo Farmacéutico de Matanzas. Rev méd electrón [Seriada en línea] 2011;33(2). Disponible en URL: http://www.revmatanzas.sld.cu/revista%20medica/ano%202011/vol2%202011/tema18.htm [consulta: fecha de acceso]


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